Encuentro de un cronopio y un fama en la liquidación de la tienda La
Mondiale.
—Buenas tardes, fama. Tregua cátala espera.
—¿Cronopio cronopio?
—Cronopio cronopio.
—¿Hilo?
—Dos, pero uno azul.
El fama considera al cronopio. Nunca hablará hasta no saber que sus
palabras son las que convienen, temeroso de que las esperanzas siempre
alertas no se deslicen en el aire, esos microbios relucientes, y por una
palabra equivocada invadan el corazón bondadoso del cronopio.
—Afuera llueve —dice el cronopio—. Todo el cielo.
—No te preocupes —dice fama—. Iremos en mi automóvil. Para
proteger los hilos.
Y mira el aire, pero no ve ninguna esperanza, y suspira satisfecho.
Además, le gusta observar la conmovedora alegría del cronopio, que
sostiene contra su pecho los dos hilos —uno azul— y espera ansioso que el
fama lo invite a subir a su automóvil.
amor
quiero caer, en tus brazos.
quiero caer en tus brazos sucios.
quiero caer en tus brazos,
y así limpiar la escoria
que la mujer decente ah dejado sobre mi.
buscar la compañia eterna,
en tus instantes insípidos y lujuriosos...
ta amo,
por la brebe eternidad de lo que pueda pagar,
pero te amo... y tu también
quiero caer en tus brazos sucios.
quiero caer en tus brazos,
y así limpiar la escoria
que la mujer decente ah dejado sobre mi.
buscar la compañia eterna,
en tus instantes insípidos y lujuriosos...
ta amo,
por la brebe eternidad de lo que pueda pagar,
pero te amo... y tu también
Suscribirse a:
Entradas (Atom)